[…] Solitaria, Amelia, la mujer más rara del pueblo, vestida siempre de negro y con un gran sobrero de pico, su mirada fría atravesaba a los distintos transeúntes que cruzaban su mirada con ella.
Sólo hablaba con la señora Weiss, del herbolario donde iba a comprar ciertas hierbas poco comunes, de hecho, a veces tenía que pedírselas a otros países de Sudamérica. Un día la señora Weiss se puso indispuesta, y en su lugar fue a atender la tienda su hijo Felix.
Amelia, a pesar de sus excentricidades, es una mujer muy atractiva, su belleza latina no pasa desapercibida, al entrar en la tienda, Felix se apresuró a atenderla.
– Buenos días, ¿qué desea?
– Buenos días, le había hecho un pedido a su madre, sabe si ya estará en la tienda, puede que lo hayas recibido ayer.
– Ese pedido viene retrasado, llamaron de la agencia de transporte esta mañana, pero me puedes dar tu dirección y no tendré ningún problema en acercarme a entregártelo personalmente.
– Muy amable, dijo Amelia mientras observaba al muchacho. Se acercó a él y acarició su cabellera negra.
Felix se estremeció y con la cara colorada acertó a decir:
– No la hacía una mujer cercana en absoluto Amelia.
– Sólo quería saber que tipo de pelaje tenías, parecía suave, dijo Amelia con una sonrisa. – Te espero en mi casa entonces, igual puedes pasar a cenar algo conmigo.
– Será un placer ! Contestó entusiasmado Felix.
Durante esa misma tarde, llegó el encargo de Amelia, y sin pensárselo mucho, Felix se arregló y preparó para ir a cenar a la casa de Amelia.
Al llegar allí, una casa grande, lúgubre, hacía que el instinto de Felix no le acompañase a entrar, pero ya de estar allí, tomó coraje, empujó con la mano la verja y caminó hacía el porche.
La puerta estaba medio abierta, Felix se apresuró a entrar, cuando salía un gato por ella, miró al felino con gracia y se adentró en la casa.
Al fondo estaba Amelia con una sonrisa en su cara, le invitó a seguirla a través de un pasillo. Felix se sentó enfrente de ella, le ofreció un aperitivo y se sentó enfrente de él mientras acariciaba otro gato acostado en su regazo.
– ¡Bienvenido a mi casa!
– Así que te gustan los gatos
– Si, amo a los gatos mucho más que a las personas.
– jaja, brindemos por esta mágica noche!
– Brindemos!
– Oh Dios! que está ocurriendo!?
El brebaje que le había preparado, era una pócima que convirtió al pobre Felix en un precioso felino negro.
Amelia contenta, comenzó a reír, se levantó del sofá y caminó con gracia hacia la butaca donde se encontraba ahora el gato Felix.
En el pueblo Amelia era conocida como la loca de los gatos, y es que a cualquier hombre que se interesaba en ella, lo convertía en gato, en venganza por un viejo amor que le rompió el corazón […]