Sinfonía

Cada viernes la casa se quedaba vacía, la familia entera se iba a pasar el fin de semana a la otra casa del lago. Yo me quedaba a cuidar de esa enorme casa, antigua y algo tétrica.

No me gustaba nada quedarme allí y menos en fin de semana, pero es mi trabajo así que a callar y a trabajar, al menos me pagan bien por ello, si al menos me permitiesen invitar a algunos amigos la sensación de miedo sería menor.

Siempre me ha gustado tocar el piano, de hecho trabajo cuidando de esta casa y de la familia para poder pagar las clases de piano. En la casa hay dos pianos uno en la galería, al fondo del primer piso, el cuál me permiten tocar, y otro majestuoso piano, en una maravillosa sala del piso superior, desgraciadamente me tienen prohibido tocar ese piano, dicen que pertenecía al abuelo de mi jefe, el señor Federico, y estaban muy unidos, por algún tipo razón personal, él es el único que puede tocar ese piano, aunque nunca le he escuchado tocar nada, quizá lo toca cuando yo me voy a mi casa, ya que mientras ellos están aqui, no es necesario que yo me quede a dormir. 

La mañana del sábado fui hasta la tienda de Margarita, a comprar algunas semillas de hortensia para el jardín, me encantan las hortensias, me gusta plantarlas a mi, es una forma de crear vida, disfruto mucho al observar su proceso de crecimiento. Lo cierto es que no siempre me gustaron, yo creo que es desde que estoy en esta casa, como hacer el bizcocho de naranja, me vienen ideas para hacer diferentes cosas de una forma muy sobrenatural, es como si alguien me lo susurrara, sólo me ocurre esta sensación dentro de la casa, a veces pienso que habitase un espíritu. No es que yo esté loca , tengo razones para pensarlo, en cierta ocasión, la hija menor, Carolina, una niña preciosa de tres años estaba en su habitación hablando sola, como ella balbucea, no entendí muy bien que decía pero miraba a la nada mientras claramente mantenía una conversación. 

Después de comer allí sola , en la cocina, con vistas al jardín, pensando realmente en nada y en todo, se me ocurrió que podía subir al piso de arriba a limpiar el polvo, así no lo tendría que hacer el lunes y podría salir antes, me dispuse a subir las escaleras, bayeta en mano, cuando de repente un aire frio rozó mi nuca y un susurro me dijo quiero que toques mi piano. 

Mi cuerpo se estremeció, deje caer al suelo la bayeta, y me senté en un peldaño de la escalera, tenia una sensación extraña, no puedo decir que fuese miedo pero tampoco alegría, era una mezcla de emociones. De alguna forma siempre había hecho caso al susurro con las hortensias y el bizcocho de naranja, entonces pensé que quizá me venía algo de inspiración y caminé hacía el piano del primer piso, pero a mitad del camino, de nuevo un susurro, ese piano no, quiero que toques mi piano. 

Madre mía! Realmente estaba susurrando el espíritu del señor Federico! yo estaba en lo cierto, su alma estaba presente en esa casa. 

Quería hacerle caso, llevaba años queriendo tocar ese piano, pero me lo habían prohibido, lo cierto es que no se enteraría nadie, no había forma de que se diesen cuenta al regresar, así que ,temblorosa subí lentamente la escalera hacía el segundo piso, al fondo del pasillo se encuentra una gran puerta de madera, la abrí lentamente y entré, en esa preciosa sala sólo y únicamente hay en el medio un maravilloso piano de cola de color oscuro. 

Me senté en el taburete ,observe que había una partitura delante de mi, parecía algo complejo, pero lo entendía, así que empece a tocar, sonaba una sinfonía preciosa, estaba disfrutando muchísimo de aquel momento cuando de repente, de nuevo el frio en la nuca, me sentí rara como si mi cuerpo estuviese siendo poseído, realmente sentí como si se estuviese rellenando mi piel, y ahí en ese momento comencé a tocar de una forma increíble, el piano y mis dedos eran uno, pero no era yo, se que no era yo, algo llevaba el movimiento de mis dedos…

. Abuelo! , exclamó Emmanuel, el nieto de Federico desde la puerta. 

– Nieto, estoy enseñando esta pieza fabulosa a Estefanía.

Esa frase salió de mi boca, pero yo no hablaba, realmente estaba poseída por el espíritu de Federico, en ese momento estaba realmente aterrada. 

-Pero abuelo, es un secreto familiar que cada vez que suena en ese piano tu sinfonía vuelves a poder disfrutar de tu piano, pero esta vez has utilizado el cuerpo de Estefanía, debes irte ahora abuelo y esperar a que yo y sólo yo la toque. 

En ese momento, sentí como se desinflaba mi piel, y podía volver a controlar mi cuerpo, me levante corriendo del taburete hacia la puerta y llorando pedí disculpas a Emmanuel. 

– Tranquila Estefanía, me imagino que sus susurros fueron difíciles de ignorar, bueno ahora ya sabes porque te prohibo tocar este piano.