[…]Le encantaba cuidar ese bonsai, podar esas hojitas y pasar ratos de su descanso admirando aquel árbol diminuto.
Marta, era una chica soñadora, bohemia en su esencia, tenia una larga melena castaña, en su cara unos ojos brillantes verdes y labios gruesos rojizos.
Marta trabaja en una tienda de plantas, adoraba su trabajo, se pasaba el día entre semillas, flores, plantas varias y artículos de jardinería, pero al llegar a casa, su ser vegetal favorito era su amado bonsái, tenía algo que la embrujaba, de hecho todo amigo/a que iba de visita a su casa, coincidía en lo mismo, es tan bonito que parece que fuese mágico, y lo cierto es que el bonsái tenía un color verde brillante inusual.
Una tarde, después del trabajo, Alberto se acercó a Marta y algo entrecortado le preguntó si le apetecía tomar algo, a lo que Marta rápidamente respondió que sí encantada :
– Claro que si Alberto, pero te importaría que pasásemos antes por mi casa, para regar el bonsái.
– Por supuesto, tengo ganas ya de conocer ese maravilloso bonsái del que no paras de hablar.
Entonces se fueron caminando hacia la casa de Marta que vivía muy cerca de la tienda, mientras hablaban del trabajo y de plantas varias. Ambos disfrutaban mucho del mundo verde.
Una vez en casa, se sentaron en unos puffs cómodos que había en la salita, sobre una alfombra étnica, y enfrente de una mesa en la que estaba el resplandeciente bonsái
– Es magnifico Marta! Ahora entiendo que pases tanto tiempo observándolo, es que hipnotiza.
– Verdad que si!? Me gusta hablarle, siento que me escucha. Mira que gracia el polvillo verde brillante que deja en la mano cuando acaricias sus hojas.
– Pero Marta! esto es de ciencia ficción! nunca había visto algo igual en mi vida.
– Pues tengo algo más que enseñarte! Acaricia con tu otra mano sus hojas, las tienes bien verdes brillantes?
– Totalmente.
– Pues ven, acompañame a la parte de atrás. Al jardín!
Ambos salieron a la parte de atrás, Marta frotó sus manos, y miró a Alberto con mirada traviesa, y de una carrerilla se impulsó hacía arriba y comenzó a volar, dió una vuelta alrededor de Alberto que tenía cara de entre sorpresa y pánico y aterrizó a su lado.
– Pero que magia es esta, nada me hubiese gustado más en la vida que poder volar
– Lo se! se reía Marta, por eso estaba esperando a que me invitases a salir, llevaba tiempo sabiendo que eras el indicado, pero soy muy vergonzosa y me daba miedo que me rechazases.
– Pero si llevas gustándome un año entero! exclamaba Alberto.
En ese momento en el que Marta y Alberto estaban hablando mirándose a los ojos y cogidos de las manos, Marta le hizo una señal para que mirase hacía abajo y Alberto se dió cuenta de que ya estaban a dos metros del suelo.
– Estoy volando ! Marta! Estoy volando
Marta agarró fuerte la mano de Alberto y empujándolo en posición horizontal comenzaron a dar un paseo entre las nubes[…]