Embrujo entre fogones 

[…] Era la tercera vez que me llamaban de la real academia de brujería, para amonestarme, pero esta vez estaban realmente enfadados, me habían dejado vivir entre los humanos con mis poderes, ya que mi madre es mortal, pero mi padre es un poderoso brujo, tan poderoso que con la parte de poderes que heredé de él, fueron suficiente para convertirme en una buena hechicera. La cuestión es que me críe con mi madre y mi abuela humana, mi padre falleció desgraciadamente, fui al colegio normal hasta los diez años, entonces fue cuando me llamaron para ir a la academia de brujos, al terminar les supliqué que me dejasen regresar con mi familia humana al mundo mortal, y ellos aceptaron con la única condición de que no utilizase mis poderes con los humanos.

Pues bien, era sencillo no usarlos fuera de casa, pero dentro me encantaba hacer uso de ellos, para hacer levitar cosas y traérmelas sin tener que moverme, saber quien llegaba a casa o llamaba por teléfono, era más sencilla la vida así, pero fuera se complicaba un poco, sobretodo cuando me enfadaba por culpa de humanos entupidos.

Trabajo en un restaurante, soy de sus mejores cocineras, pero alguna vez que otra encanto los alimentos según lo que me suceda. Esta última vez que el comité de brujos me hizo regresar para reñirme fue debido a que a un cliente muy mal educado que me faltó el respeto y estaba tratando mal a su mujer, le convertí el azúcar del café en laxante, pero se lo merecía, aún así, los brujos muy enfadados me dieron un ultimátum, si volvía a usar con humanos mis poderes debería hacer las maletas e ir a vivir allí al mundo mágico o perdería mis poderes para siempre.

Llevaba largos meses, trabajando, haciendo recetas riquísimas, los clientes estaban muy contentos, y yo podía seguir en casa junto a mi familia humana.

Pero llegó él, era el chico más guapo que había visto en mi vida, no me había enamorado nunca, ya que entre mi vida humana y maga no había tenido la oportunidad de conocer a nadie, el flechazo fue instantáneo, comenzó a venir a menudo al restaurante, y quedamos para hacer recetas en su casa, nos estábamos enamorando, era el primer hombre con el que dormía, y era muy divertido pasar tiempo con él, cocinaba nuevos platos, junto a él mi creatividad era desbordante, tanto que me ascendieron en el restaurante gracias a mis novedosas recetas, estaba muy feliz, había conseguido todo eso y sin usar la magia!

Desgraciadamente, un día, entró por la puerta de casa y me miró apenado, me explicó que tenía que volver a su país, que su visado ya no servía para más tiempo.

Se me rompió el corazón, estaba destrozada, no podía alejarse de mi ahora que todo iba tan bien… sabía que lo tenia prohibido, que incluso era realmente peligroso, y podría perder mi condición de humana o bruja, pero aún así la pasión que sentía era tan grande, que merecía la pena correr el riesgo, me metí en la cocina y encendí los fogones, llorando hechizaba todos los componentes sin ningún sentido, hasta que finalmente sin saber muy bien que había hecho terminé de cocinar un pastel de carne y panecillos. 

Nos sentamos a cenar a la mesa, no hablábamos durante la cena, sólo nos mirábamos con cara de tristeza, pero para mi sorpresa al terminar el último bocado, él se levantó y cogiéndome entre sus brazos me levantó de la silla, y me dijo, cásate conmigo! ya está tu te vienes conmigo a Italia y nos casamos, te va a encantar, podrás junto a mi madre aprender a cocinar el arte de la pasta!, asentí con la cabeza, le abracé fuertemente y nos besamos, fuimos directos al dormitorio, y mientras nos acurrucamos en la cama, quise apagar la luz de la cocina desde allí pero fue inútil, me di cuenta que acababa de perder mis poderes, pero entonces le miré y me alegré de que así fuese, a veces para ganar se tiene que perder… […]