[…]Quedaba un mes para regresar a Córdoba, mi ciudad natal, allí me esperaba mi familia para unirme junto a ellos a la escuela de flamenco que regentaban mis padres, mi familia proviene de generaciones de bailaores de flamenco, cantaores y tocaores, el orgullo de la familia está en dominar el arte del flamenco.
Yo soy la oveja negra, mis padres y hermanos están desesperados conmigo, y es normal ya que a mi me encantaba la danza pero la contemporánea, mis padres son muy estrictos con el legado familiar y para no disgustarles se me ocurrió pedirles que quizá en otra escuela sería capaz de mejorar ya que no tenia la presión familiar, y trás un par de días pensándolo, finalmente aceptaron que me fuese un año a estudiar baile flamenco a una escuela de Sevilla.
El primer mes dí clases de baile flamenco durante tres horas diarias, pero sin arte ninguno, sin embargo al pasar tanto tiempo en la escuela, conocí a Tom, un alumno de danza hip-hop increíble, junto a él comencé a aprender a bailar y a disfrutar de esos movimientos fluyendo al ritmo de la música, Tom, estaba muy relacionado entre los bailarines de la zona, íbamos a bailar a sitios muy divertidos y así fueron pasando los meses, creando mi propia familia de bailarines y haciendo mi propia vida.
Aún así tenía que volver con mi familia, y se me acababa el tiempo, los dos últimos meses me dediqué a asistir a maratones de clases de flamenco, pero era imposible alcanzar el nivel de lo que suponía mi familia que tendría que tener, y no quería disgustarles.
Una tarde, en un bar, les estaba contando a mis amigos lo desesperada que estaba por la situación, no sólo enfrentar a mi gente y decir que había mentido, que me estaba dedicando a otro baile, si no también por fallarme a mi misma de no ser capaz de convertirme en bailaora como los míos. A la salida del bar, se acercó a mí una señora con el pelo muy largo, vestida de negro, puso en mi pelo una rosa, acarició mi mejilla, y me susurró al oido, tengo la solución a tus problemas, ven a verme mañana, y dándome la mano colocó en ella un trozo de papel.
Desdoblé aquella nota, donde había apuntada una dirección, me quedé pensativa, no sabía que hacer, pero llegué casa y se lo conté a Tom, rápidamente me convenció de ir, e incluso se ofreció a acompañarme.
Al día siguiente, allí nos presentamos, se trataba de una casa aislada en un barrio lleno de adosados, la fachada de la casa era de color morado, y desprendía una halo de misterio, nos acercamos a la puerta y ésta se abrió sola, escuchamos a alguien decir en el interior:
– Adelante, os estaba esperando.
Tom y yo nos adentramos en la casa, atravesamos un largo pasillo, donde estaban colgados cuadros en los que se mostraban imágenes de prendas de vestir sobre la pared de color morado, al fondo se veía una mesa redonda con una bola de cristal como las que usan las brujas…
– Encantada de recibiros, por favor sentaros!
Dijo aquella mujer de pelo largo oscuro, con la tez pálida y una nariz prominente en la que brillaba una pequeña verruga, en el instante en el nos ofreció sentarnos una sillas se deslizaron hacía atrás, Tom y yo nos miramos con cara de asombro.
– Por favor, no os vayáis! Si soy bruja pero no me hace falta tener poderes para descifrar que es lo que estáis pensando, soy una hechicera buena, me dí cuenta de tu desesperación y quiero ayudarte. Puede ser que lo que necesitas sea tan sólo unos zapatos mágicos que le dén a tu forma de bailar la gracia que necesitas para no defraudar a tu familia.
– ¿Y por qué me iba ayudar? ¿Quiere algo a cambio? Ya le digo que no creo que se lo vaya a poder pagar.
– No te preocupes por eso, como te he dicho me doy cuenta de la desesperación humana e intento ayudar a las personas a solucionar sus problemas, pero también te digo que bailarás con esos zapatos como la mejor bailaora que hayan visto, pero después deberás contar la verdad a tu familia y regresar aqui para cumplir con tu destino .
– Sí claro que lo haré, pero antes quiero hacer las cosas bien he de bailar con mi familia en el evento anual de su escuela de baile, y una vez que haya cumplido con ellos les contaré la verdad.
– Eso es cielo, dijo la bruja mientras ponía encima de la mesa unos zapatos rojos.
– Póntelos y ellos sabrán que hacer.
– Muchas gracias! Volveré pronto! Dije apresuradamente mientras guardaba los zapatos en mi mochila.
– De eso estoy segura, contestó aquella mujer con una sonrisa maliciosa.
Una vez en el coche, Tom me miró seriamente y dijo:
– Esto es una locura! ¿Tú crees que esos zapatos te van a hacer bailar mejor de lo que sabes?
– Pues no lo se, ¿pero que hubieses hecho tú?, Que más dá, mirá si me hacen bailar mágicamente mejor, mi familia estará orgullosa, y si no pues se darán cuenta que no sirvo para esto, total les voy a contar la verdad sea como sea.
– Vale, y la frase misteriosa acompañada de la sonrisa maléfica de la despedida ¿que me dices de eso?
– Ay! no seas paranoico! Pues que voy a volver ya lo dije, decidimos venir y ya está, si tú me animaste! Ahora entonces, vuelvo a casa, bailo y vemos que tal va la cosa…
– No te lo he pedido antes, pero ¿Te apetece acompañarme? Dije mirándole de forma curiosa
– Acompañarte … ¿Cómo tu novio? Preguntó Tom mirándome fijamente a los ojos.
Tom y yo nos llevábamos genial, nos habíamos besado unas cuantas veces y él me gustaba mucho así que respondí
– Creo que no quiero dejarte escapar, así que si me haces el honor de acompañarme como mi pareja, sería muy feliz.
Y en ese momento Tom se acercó a mi cara y acariciandome el cuello me beso tiernamente.
Al día siguiente pusimos rumbo a Córdoba, cuando llegamos mi familia estaba al completo en la puerta de nuestra casa con los brazos abiertos y un cartel al fondo que ponía bienvenida. Presenté a Tom y entre risas y halagos pasamos el resto del día, nos fuimos pronto a dormir ya que al día siguiente era la celebración de la escuela de baile de mi familia.
– ¿Estás nerviosa? Me preguntó mi madre
– No, la verdad es que espero estar a la altura, quiero hacerlo bien.
– Eso es bueno mi pequeña! eso es que tienes confianza! Y dándome un beso en la frente, salió del cuarto.
Por la mañana, al entrar en la cocina estaba Tom hablando con mi hermano Mayor Estefano de su baile, la mirada de mi hermano era de sorpresa, él era un gran cantaor, así que hablar de otra disciplina le causaba bastante asombro pero le ví cómodo. Fueron entrando los demás componentes de la familia y cuando al fin terminamos todos de desayunar, cada uno fue a por sus cosas, nos montamos en la gran furgoneta de la escuela y nos dirigimos hacía allí.
Ya había empezado el espectáculo, había mucha gente, el escenario estaba detrás de la escuela en una explanada, estaba todo tan bonito y la gente tan emocionada que comencé a sentir nervios. Me tocaba salir en la siguiente actuación junto con mi madre y luego me dejaba una parte sola, como no saliese bien estaba pérdida, no quería hacer el ridículo, miré hacia mi padre y me devolvió la mirada guiñándome un ojo.
Mi turno! Me puse los zapatos mágicos, su color rojo brillaba con fuerza, los golpeé uno contra el otro, y rápidamente sentí como una energía poderosa corría por mis venas, en cuanto escuché el tono de la guitarra mis pies comenzaron a taconear mágicamente, todo mi cuerpo se movía con una gracia espectacular y única, era alucinante.
Cuando acabaron las actuaciones, salimos toda la familia para saludar juntos al agradecido público. Trás ese momento nos abrazamos felizmente. Tom me acompañó hacía el vestuario para ayudarme a recoger las cosas, cuando sentada en un taburete me disponía a quitarme los zapatos, fuí incapaz!
– Tom! Ayúdame por favor! Es imposible descalzarme!
Tom comenzó a tirar de los tacones, sin éxito alguno! Comencé a sudar y la desesperación se apoderó de mi, en ese momento escuche una voz de mujer :
– Tus pies son míos!
Era la voz de la bruja! Tom y yo nos miramos ojipláticos […]