[…]A mi alrededor todos estaban enfermos, recientemente con la bajada de las temperaturas, se estaban enfermando casi todas las personas de mi ciudad, estaba un poco asustada, porque yo no quería ponerme mala, tenía mucho que hacer, estaba por presentar mi última coreografía para poder adquirir una beca para estudiar en la mejor escuela de baile del país. Así que me tomé el zumo y las vitaminas, y salí de casa hacía el pabellón donde ensayo.
Al llegar allí, la puerta estaba cerrada, y había un cartel en la puerta que informaba que las personas de mantenimiento estaban enfermas por lo que el pabellón al no tener quien abriese o cerrase, ese día permanecería cerrado. Pensé que tendría que ir al parque y ponerme allí a bailar, no me gustaba esa idea para evitar que la gente se quedase mirando mientras ensayaba, pero bueno no tenía otra opción, así que regresé a casa, cogí el altavoz y fui al parque, comencé a bailar, y en cuestión de diez minutos, ya tenía un grupo de quince personas rodeándome y moviendo sus cabezas, incluso algunos me dejaban monedas, yo intenté no distraerme y estar concentrada en la coreografía, cuando un hombre tosiendo muy fuerte me desconcentró y al mirarle pude ver la mala cara que tenía, estaba muy enfermo, pero que hacía allí de pie en vez de estar en su casa. Aquel hombre se dió la vuelta y se alejó caminando muy lentamente cuando de repente se desplomó en el suelo, paré la música, y rápidamente fui hacía él.
– Señor! está usted bien, ¿quiere que llame a alguien de su familia, o a la ambulancia?
Aquel hombre no respondía, en ese momento ví que no había cerca ninguna de las personas que antes miraban mi baile, así que llamé a la ambulancia, no contestaban, lo intenté tres veces más hasta que alguien respondió :
– Hola, es una emergencia! Hay un hombre en el suelo, está inconsciente y muy enfermo, necesito ayuda.
– Hola, desgraciadamente están siendo todo urgencias, el hospital esta lleno de casos muy graves, dígame la dirección y lo tendremos en cuenta pero va a tardar un poco, no damos a basto. Lo siento.
Me quedé unos segundos inmóvil, que es lo que estaba pasando, que tipo de virus estaba corriendo por nuestras calles, volví junto al señor a ver si podía levantarlo o hacer que volviese en sí, pero ya era muy tarde, no tenía respiración, había muerto, que pena, allí en el parque, llamé a la policía y ya se encargaron ellos del cuerpo, decidí volver a casa, cuando me encontré por el camino varias personas en el suelo, algunos ya sin vida, policía, bomberos, todos tosiendo y con muy malas caras, corrí hacia mi apartamento, no podía creer lo que estaba ocurriendo, parecía una película de zombies.
Una vez en casa, puse las noticias en la televisión y por lo visto, ya estaba ocurriendo en otras ciudades, la gente estaba muriendo en cuestión de poco tiempo, les entraba un virus y en cuestión de horas ya estaban sin vida.
Decidí quedarme en casa para evitar el cotagio, suerte que había hecho la compra esta mañana y tenía suficiente para unos días.
Los días iban pasando, estaba incomunicada, no había internet, me cansé de llamar a mi familia, pero no obtuve respuesta, estaba desesperada, se me estaba acabando la comida, así que decidí salir, cubrí mi cabeza con un gran gorro y mi nariz y boca con una enorme bufanda.
En la calle no había nadie caminando, pero por las aceras había mucha gente muerta, coches en colisión unos contra otros, estaba realmente aterrada y comencé a llorar, me preguntaba si era la única superviviente de la ciudad , entré en un supermercado, tampoco había nadie allí, cogí comida y me la llevé a casa.
Una vez en casa, mientras comía un plato de macarrones con chorizo, con un mapa delante, ya que no había internet, me planteé la posibilidad de ir en busca de supervivientes, tenía que encontrarlos, no podía ser el único ser humano vivo.
Cargué el coche con lo imprescindible, sabía que iba a ser un viaje largo, pero siempre podría volver a casa.
La carretera se hacía aburrida, no había radio, lo único que tenía era los mismos 3 cds reproduciéndose una y otra vez, había pasado ya dos estados, y no había encontrado a ningún humano, la desesperación comenzaba a apoderarse de mí, el no saber nada de mi familia que vivían en otro continente, me tenía enormemente triste y preocupada.
Cargaba combustible en las gasolineras abiertas, comía comida de bote ya que era lo que no estaba caducado y así iban pasando los días en mi objetivo de encontrar humanos.
Una noche mientras exploraba un pueblo, vi al fondo una especie de ovni, pensé que era ya el colmó de la película de terror que estaba viviendo, pero también, mi única posibilidad de entender que estaba ocurriendo, así que conduje hasta allí, salí del coche y me acerque a aquella nave, de repente una rampa se deslizó, caminé a través de ella y llegué a una puerta metálica, la empujé y accedí a una sala redonda, allí había cinco humanos más, me miraron con cara de desconcierto, saludé, pero antes de poder decir nada más, alguien habló detrás de mi.
– Bienvenida, eres la última, siéntate por favor al lado de los otros humanos.
Era un ser de color azul con una cabeza enorme y un cuerpo diminuto, sin dejar de observarle, me senté junto a los otros y seguí mirándole perpleja, entonces él continuó :
– Sois los elegidos ! Introdujimos un virus letal a la población humana, han muerto todos excepto vosotros, por alguna razón sois los únicos dentro de vuestra especie que cuenta con una parte nuestra, vamos a crear una nueva especie híbrida entre vosotros y nosotros, ya que somos muy parecidos, pero nosotros estamos más evolucionados […]