Muerte en el Danubio 

En una noche de frio de Noviembre, Patrick tenía todo organizado al dedillo, se había cansado de aguantar a su jefe, ese despreciable ser que lo único que le importaba era ganar dinero a cualquier precio, nunca le importó sus sentimientos, su familia o su vida, pero esa semana había llegado demasiado lejos con su ambición, hasta tal punto que Patrick comprendió que el alma de ese hombre pertenecía al diablo y eliminarlo era un bien para la sociedad, puede que no le tocase ser a él quien tomase la decisión de acabar con su vida, pero estaba convencido.

Patrick trabajaba únicamente para Arnaldo, era más un esclavo que un empleado, ya que durante esos años había tenido problemas económicos y Arnaldo le había hecho un generoso préstamo que tenía que devolver. Desde ese momento, Arnaldo comenzó a tratar a Patrick de forma abusiva. 

Arnaldo era un hombre mafioso y despiadado, había hecho mucho dinero a base de enredos, chanchullos y fraudes, en ese momento de su vida se había metido en el mundo de la droga, utilizaba barcos de contrabando para mover por Europa la droga, esa vez tenia un buen encargo en un barco de turismo en el Danubio y le había encargado a Patrick hacerse pasar por pasajero para en mitad de una noche, se reuniese con el comprador en la cubierta e hiciese el intercambio.

Arnaldo sabía bien que la seguridad era alta, y que la policía podía interceptar la operación en cualquier momento, pero aún así prefirió arriesgar a Patrick.

Patrick cansado moralmente ya no podía más con ese trato y esa forma de vida, así que decidió crear un plan aunque tenia un problema, Patrick llevaba años enamorado de la hija de Arnaldo, Alexandra, de hecho habían quedado horas antes en una cafetería para preparar la estrategia del contrabando. Alexandra sólo tenia que vigilar que nadie se diese cuenta del movimiento. No quería hacerla sufrir, de hecho sabia que incluso ella desearía que su padre desapareciese para poder ser libre también de esa condena. 

Entonces pensó, podría envenenar su copa, sin que nadie se entere, puedo hablar con alguien del bar para que le ponga el veneno y nadie sospeche de mi… Así lo hizo, los tres estaban sentados en el bar de un barco sobre el Danubio, un bar lúgubre y con sólo tres mesas más ocupadas, el camarero les sirvió las bebidas y se alejo. Al poco de tres minutos desde tomar el segundo sorbo de la copa envenenada, Arnaldo se cayó de la silla. Cuando llegó la ambulancia no había nada que hacer, paro cardiaco diagnosticaron. 

Una semana más tarde, Patrick quedó para desayunar con Alexandra.

– ¿Cómo estás? preguntó Patrick 

– Pues si te digo la verdad, aliviada, estoy pensando en retomar las clases de danza y tu?

– La verdad, es que ahora puedo respirar tranquilo, está mal que lo diga, pero empiezo a ver la luz. 

– Oye y que fue del último encargo ? ¿que pasó?

– Aquella noche, dejé una maleta al lado del muelle y recogí otra con dinero, sin ver al comprador si quiera, no sé ni como era su cara, y llamé al traficante para decirle que se acababa todo , le envié la maleta con todo le dinero y fin, ,soy un hombre libre.

Alexandra estiró el brazo para estrechar la mano de Patrick y mirándose a los ojos sonrieron.